Se trata de un acto no muy antiguo. Según el libro de Santa María la Virgen y del peregrino, de Manuel Peña García, la Ofrenda de Flores data del año 1959 por iniciativa del sacerdote D. Agustín del Pino.
La devoción a la Virgen es grande, por ello, es costumbre vestirse con trajes regionales, todos preciosos, cada cual con el que desee como signo de pluralidad y tolerancia. Eso si, todos con flores.
Se suman las distintas Asociaciones y Colectivos que elaboran sus grandes centros florales y que orgullosos portan hasta el altar de la Virgen.
Ya en el templo y depositadas todas las flores, se da paso a las bellas dedicatorias y sinceras peticiones.
El colorido de todos los fervientes lo dice todo.
